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Juan Francisco Linares
«Vaca Muerta también puede desarrollar Bahía Blanca»
Mié 22
enero 2020
22 enero 2020
El ejecutivo del puerto de Bahía Blanca sostuvo que el gran objetivo es ampliar la capacidad de la terminal portuaria para que las empresas petroleras cuenten con instalaciones.
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Más allá de las consecuencias que provocó el reciente congelamiento del precio del crudo, es innegable que Vaca Muerta está provocando un cambio rotundo en la provincia de Neuquén. La ola expansiva de esta gran formación no convencional llega a otras latitudes. Concretamente, a la ciudad de Bahía Blanca. Desde el consorcio del puerto de esta ciudad, hace dos años que vienen desarrollando el proyecto Vista Portuaria Bahía Blanca 2040, que apunta a generar la infraestructura adecuada que demande el desarrollo de Vaca Muerta. El gran objetivo es ampliar la capacidad del puerto para que las empresas petroleras cuenten con instalaciones que faciliten el ingreso de insumos para la producción y plantas que permitan la exportación de lo que produzca Vaca Muerta. Juan Francisco Linares, gerente de Desarrollo de Negocios del consorcio, asegura que el desafío es que el puerto aporte competitividad al sector y que a su vez sea un motor de desarrollo para la región

Juan Francisco Linares, gerente de Desarrollo de Negocios del consorcio

¿La puesta en marcha del proyecto Vista Portuaria 2040 está pensada para anticiparse a lo que pueda ser el desarrollo pleno de Vaca Muerta?

—Sí, claramente. Estamos enfocados en dos acciones. Por un lado, lo que representa el puerto como ingreso de insumos para Vaca Muerta y, por otro, lo que es egreso y monetización de la producción de sus yacimientos. Tenemos dos estrategias bien diferenciadas. Con respecto a los insumos, estamos trabajando para dotar el puerto de un nuevo muelle multipropósito. Actualmente contamos con dos y ya tenemos avanzados los pliegos para empezar a encarar la edificación
de este tercer muelle el año que viene. Eso es por
el lado de darle infraestructura al insumo que tiene que ingresar por el puerto de Bahía Blanca hacia Vaca Muerta. También pensamos en el aporte a la conectividad que el puerto puede hacer y que está estrechamente relacionado con la competitividad del transporte. Por eso fue que participamos en la licitación por transporte de carga que se lanzó para el Tren Norpatagónico, ofreciendo 500.000 toneladas. Lo hicimos pensando en poder venderles el peaje a aquellas petroleras que no ofertaron y también a otros productos y cargas
que hay a lo largo de la línea del Norpatagónico. Nuestra intención es que Vaca Muerta genere infraestructura de logística pero que también potencie la región. 

¿Este objetivo de desarrollar la región tiene que ver con el lugar estratégico que ocupa Bahía Blanca, no solo con su puerto sino también con respecto a la red energética de la Argentina?

—Exactamente. Bahía Blanca es un puerto de aguas profundas pero que, a diferencia de lo que sucede con otros de este tipo, es un puerto de aguas profundas abrigadas. Esto quiere decir que nosotros no damos al mar directamente sino que estamos dentro de una ría, con lo cual no tenemos días de mal tiempo. No hay olas en nuestro canal de navegación. Eso es muy importante en la actividad portuaria, porque garantiza estabilidad en las operaciones durante todo el año. Es decir que, entre las ventajas que ofrece el puerto de Bahía Blanca, están la profundidad y el buen tiempo. A eso hay que sumar la accesibilidad vial y ferroviaria que puede estar potenciada por el Tren Norpatagónico. Y por el otro lado está la cuestión energética. Por el puerto de Bahía Blanca pasan la red de gasoductos Neuba 1, Neuba 2
y el Gasoducto General San Martín. También está el poliducto de Mega y el oleoducto del Valle. Tenemos, a su vez, las termoeléctricas Guillermo Brown y Central Luis Piedrabuena, que garantizan energía eléctrica de alta y media tensión en cualquier desarrollo de industria. Hay muchos elementos que posicionan el puerto.

¿Y cuáles son las iniciativas que viene llevando adelante el puerto para impulsar y acompañar este desarrollo?

—El primer paso fue la incorporación de tierras. Muchas veces sucede que los puertos quedan imposibilitados de expandirse porque están insertos en grandes ciudades. No es lo que sucede con el de Bahía Blanca, que se encuentra apartado de la ciudad. Es por eso que a lo largo del año pasado incorporamos unas 2.500 hectáreas adicionales, pensando en el desarrollo portuario de los próximos años. El puerto es un ente público; con lo cual, lo que hacemos nosotros es comprar nuevas tierras e incorporarlas al dominio provincial. A lo largo de todo este año estuvimos haciendo estudios de base, de sedimentología, de vientos, de mareas, de corrientes. También lo que tiene que ver con los permisos ambientales y las autorizaciones de dominio. Todo esto, para que el año que viene podamos largar la licitación de relleno de tierras y así tener el suelo disponible para las inversiones. Nosotros debemos anticiparnos al requerimiento de la industria porque tenemos un proceso más largo. Necesitamos por lo menos dos años para acondicionar un lugar. Tuvimos un año de estudios, que fue 2019. Un año de ejecución,
que será 2020, y para mitad de 2021 esperamos empezar a tener muevas tierras disponibles para monetizar la producción de Vaca Muerta.
No obstante, ahora tenemos espacios disponibles. Pero estamos pensando en algo grande. 

¿Las postergaciones que vienen dándose con la licitación del gasoducto de Vaca Muerta les generaron alguna alteración en los proyectos de inversiones en el puerto?

—Como política portuaria propia, no nos afecta porque tenemos otros proyectos. Estamos licuefaccionando gas y también estamos exportando shale oil de Vaca Muerta a través
de las rías de Bahía Blanca. Las dos actividades igualmente se vienen desarrollando y tienen que tomar más envergadura. Si bien el proyecto
del gasoducto se postergó por la coyuntura política, entendemos que tarde o temprano será una realidad. Y la verdad es que una postergación
de este tipo para nosotros no es mucho tiempo. Acondicionar las tierras y dejarlas óptimas para las grandes áreas de desarrollo industrial lleva todo un proceso. Estimamos que culminará hacia mediados de 2021. Con lo cual, nosotros no podemos demorar ese proceso ni atarlo a la suerte de otros proyectos. En el peor de los casos, tendremos más tiempo para que se vayan asentando las tierras hasta que lleguen las nuevas inversiones, lo que no es un mal escenario. Nuestra finalidad es acondicionar tierras para la industria. Después, si esa industria tarda tres o cinco años más, será un tema del mercado y de la disponibilidad de producción. Pero nosotros no queremos que el puerto sea un cuello de botella. 

En noviembre pasado, YPF llevó adelante la primera exportación de gas licuado desde el puerto de Bahía Blanca con destino a Salvador de Bahía. Fueron 50.000 metros cúbicos de GNL, cuyo material provino de Vaca Muerta y se licuefaccionó en el mismo puerto, en el muelle de la compañía Mega. La petrolera tiene previsto realizar varias cargas como esta hasta mediados de 2020, cuando por cuestiones estacionales deba reorientar la producción de gas a la demanda doméstica.
A su vez, Vista Oil & Gas, la compañía de Miguel Galuccio, exportó en junio pasado, también desde el puerto de Bahía Blanca, 15.000 metros cúbicos de shale oil con destino a Estados Unidos. 

Linares considera que estos dos casos no son más que la punta de lanza de nuevas inversiones que llevarán adelante las petroleras que operan en el país. «Si bien no podemos dar detalles por acuerdo de confidencialidad, sí podemos asegurar que el 80% de las petroleras que están explotando en
Vaca Muerta se encuentran en negociaciones con nosotros en lo que tiene que ver con el espacio para instalar plantas de licuefacción y el canal que garantice que la navegación de los barcos sea segura», afirmó. 

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¿El impulso que tomó hasta ahora Vaca Muerta produjo un salto en cuanto a la actividad y facturación del puerto o todavía es marginal?

—Donde vemos un cambio más profundo es en el sentido de la carga. Vayamos al caso del gas licuado. El puerto trabajaba con este material pero era por importación. Cuando lo queremos monetizar para el puerto, es lo mismo. Pero para la economía del país significa un cambio trascendental que, en lugar de que se importe gas licuado, se comience a exportar. En el caso del crudo pasa lo mismo.
Si vemos las estadísticas, antes eran importaciones de combustible y ahora lo estamos exportando.
En la licuefacción y en el petróleo no tenemos un cambio en lo que es facturación del puerto, pero sí en lo que representa para la actividad económica del país.

¿Y en lo que tiene que ver con los insumos?

—Ahí sí hubo un crecimiento notorio y por eso es que encaramos la construcción del tercer muelle multipropósito. Por esa vía están ingresando arena para Vaca Muerta, ductos, cañerías y equipos para las torres de perforación. Además, estamos trabajando mucho con lo que es la energía eólica. Eso también es un rubro muy importante para el puerto. Más del 50% de los parques eólicos del país ingresaron por Bahía Blanca, lo que nos dio un desarrollo importante para el puerto en lo que es carga y consolidación. 

A la hora de fijarse un rumbo, las autoridades del consorcio del puerto de Bahía Blanca toman como paradigma lo que sucedió en Permian, la reserva
de shale que revolucionó la industria hidrocarburífera en Estados Unidos. En lo que tiene que ver con la actividad portuaria de esa región, a partir de la explotación de no convencionales, en seis años pasó de exportar
4 a 43 toneladas anuales. Fue por eso que, el año pasado, parte del directorio del puerto argentino viajó a Estados Unidos y comprobó de primera mano los efectos que puede generar el desarrollo de esta actividad. «Nos reunimos con el alcalde de Houston y con autoridades del puerto para ver cómo asimilaron ellos este crecimiento tan grande y en tan poco tiempo. Porque seis años en la actividad portuaria es nada. Se requiere un proceso para poner en marcha las obras. Si en seis años se pueden dar cambios tan grandes, hay que saber asimilarlos. Son ciudades que se dan vuelta», sostuvo Linares. 

¿Toda esta innovación puede venir acompañada de una gran demanda de mano de obra para la región de Bahía Blanca?

—Sí, por supuesto. Por un lado, estamos viendo proyectos de mucha envergadura que tienen un período de construcción de tres años, y donde hay miles de personas trabajando. Y seguramente, si esto arranca, se va a terminar con una obra y se va
a empezar con otra. Después tenemos la mano de obra que va a trabajar en estas industrias en el día
a día. La actividad en el puerto va a demandar empleo no solo en la región sino también en el país, para acompañar este crecimiento. Hoy ya tenemos un polo petroquímico bastante desarrollado y los recursos vienen de toda la Argentina. Imaginémonos si esto se multiplica. Las perspectivas son realmente muy buenas. ×

Toda la vida en Bahía Blanca

Hombre de puerto y ultramar

Juan Francisco Linares sabe de qué habla cuando se refiere a la actividad portuaria. Lleva 21 años trabajando en el puerto de Bahía Blanca y durante ese lapso recorrió todo el escalafón: ingresó como supervisor de tráfico marítimo, luego pasó a ser jefe de ese sector, continuó como gerente de operaciones y de ahí pasó a ocupar el actual cargo de gerente de Desarrollo de Negocios. Pero su vida profesional no solo estuvo ligada a la parte «terrenal» de la actividad, sino que con anterioridad se desempeñó como capitán de ultramar. «Durante mucho tiempo navegué barcos petroleros, transportando crudo desde las caletas de Chubut y Santa Cruz hasta las rías de Bahía Blanca. También transporté todo lo que tiene que ver con combustibles livianos y gasoil desde Campana hasta Bahía Blanca. Mi experiencia de tantos años en la navegación en barcos me permitió tener una visión global de toda la actividad portuaria», afirmó el directivo. A pesar que dedicó su vida profesional al mar, Linares nunca abandonó Bahía Blanca. Allí nació hace 46 años y es donde vive actualmente junto a su esposa y sus dos hijos.

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