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Mario Mehren, CEO de Wintershall 
«Veo el esfuerzo del gobierno para aumentar las tarifas de gas»
Vie 13
julio 2018
13 julio 2018
El principal ejecutivo del cuarto productor de gas de la Argentina analizó las perspectivas de la industria hidrocarburífera en el país. Repasó nuevos proyectos offshore y en Vaca Muerta, pero advirtió que «la incertidumbre es lo peor que le puede pasar a un inversor». El futuro del gas como verdadero combustible de  la transición energética. 
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Mario Mehren habla un perfecto español, casi coloquial. Su paso por Chile, donde se desempeñó como CFO de BASF  y donde nacieron sus dos hijos, amplió su espectro idiomático. Joven, relajado y con facilidad para la empatía, transmite proximidad. El CEO de Wintershall, brazo petrolero del gigante petroquímico alemán BASF y cuarto productor de gas de la Argentina, pasó en mayo por Buenos Aires para celebrar los 40 años de la empresa en el país. También para repasar la agenda de inversiones locales que analiza la compañía. La entrevista con Revista TRAMA se realizó un lluvioso jueves de mayo en el piso 14 de la torre Boston de Retiro, donde Wintershall tiene sus oficinas. La referencia al cimbronazo cambiario –tema candente en la agenda veráncula–fue inevitable como disparador de la charla. «Algunos ya me pidieron que vuelva a Alemania, me adjudican lo que está pasando con el dólar», desdramatiza, divertido.

Mehren maneja un itinerario global: trata de viajar regularmente a Rusia y también a Noruega, grandes productores de gas que abastecen a Europa, pero también se hace tiempo para visitar la Argentina.

La compañía alemana –que además de Rusia, Noruega y Argentina está presente en mercados como Holanda, Libia y Abu Dhabi– tiene en su porfolio proyectos de desarrollo tanto en el offshore de la Cuenca Austral, en el mar al sur de Tierra del Fuego, como en Vaca Muerta, la formación de la Cuenca Neuquina que alberga ingentes recursos no convencionales de petróleo y gas.

Un día antes de la entrevista, Mehren repasó esas iniciativas con el ministro de Energía, Juan José Aranguren. El ejecutivo está acostumbrado a entablar relación con funcionarios del área energética de distintas personalidades. Se requiere versatilidad y practicidad. Todos los meses viaja a Moscú para liderar los proyectos de Wintershall en Rusia, donde es socio de Gazprom, el mayor productor de gas a nivel mundial. Mehren tiene la compleja tarea de separar los negocios de la macropolítica para neutralizar eventuales daños colaterales de la tirante relación entre Ángela Merkel, canciller de Alemania, y Vladimir Putin, hombre fuerte de Rusia. «Aprendimos a no tomar las cosas tan seriamente. Podríamos decir que existen dos mundos: la relación con nuestro socio (Gazprom) es muy buena.

A nivel político, actualmente no estamos pasando por un buen momento. Es un problema, pero que no impacta a nuestros proyectos», explica el ejecutivo, con una alta dosis de pragmatismo. Los lazos de Wintershall con Rusia van camino a afianzarse.

La petrolera germana está en un proceso de fusión con DEA, una petrolera subsidiaria del fondo Letter One (L1), creado por el multimillonario ruso Mikhail Fridman. La jugada es ambiciosa: se apunta a crear una gran petrolera independiente en Europa. «Todavía estamos en proceso de due dilligence. Si todo va bien, vamos a firmar los contratos definitivos a fines de julio. Queremos crear una empresa petrolera independiente importante, que es lo que falta hoy en Europa. Hay empresas muy grandes como Total, BP o Shell y empresas pequeñas con producciones de 150.000 barriles al día. Nosotros crearíamos una empresa que empezaría con 600.000 barriles al día para crecer a 800.000 barriles en tres o cinco años», precisó Mehren.

Mirando desde afuera y como extranjero, veo el esfuerzo que hace el gobierno para aumentar las tarifas, que tiene quizás un alto costo político.

En la Argentina, Wintershall produce unos 26 millones de barriles equivalentes de petróleo (boe). La empresa está asociada con la francesa Total y con Pan American Energy (PAE) en el desarrollo de los complejos offshore Carina-Aries y Vega Pléyade en la Cuenca Austral, uno de los pulmones gasíferos más relevantes del país, y también en la Cuenca neuquina Y hace tres años comenzó a operar proyectos piloto en áreas con acceso a Vaca Muerta en Neuquén.

Durante mucho tiempo fueron socios no operadores en proyectos offshore de la Cuenca Austral, pero en los últimos años tomaron la operación de campos no convencionales en la Cuenca Neuquina. ¿Lo tomaron como un proceso natural?  

Para nosotros fue natural. Siempre queremos operar porque nos da más influencia, más actividad. Es mucho más fácil entender el mercado, cómo funcionan los proveedores, las empresas de servicios. Es decir, también ayuda para los yacimientos donde no estamos operando. Creemos que después de tantos años ya somos parte de la industria energética en la Argentina. Y lo que hacía falta era la operación. Por eso, durante los últimos tres o cuatro años, duplicamos la cantidad de gente trabajando en la compañía. Se nota que ayuda en la autoestima de la gente. Es otra cosa. Es otro sentimiento. Por eso es algo natural, necesario y muy positivo.

En marzo anunciaron que se está evaluando lanzar el proyecto Fénix, un nuevo desarrollo offshore en la Argentina. ¿Cuál es el estado de la iniciativa?

Todavía estamos trabajando. No hemos tomado la decisión final de desarrollo, quedará para más adelante.

Fénix no es un desarrollo shale. En un desarrollo no convencional se puede parar después de un año si el mercado va en una dirección que no es la indicada. Es relativamente fácil. Pero en el offshore es distinto. Uno toma la decisión y en pocos meses está alcanzando el 90% de lo que va a invertir. Estamos hablando de un proyecto que fácilmente costará más de u$s 1.000 millones.

¿La decisión de avanzar o no con el proyecto está vinculada a cuestiones contractuales de la Argentina o a condiciones de la geología?

Es más que nada un tema del desarrollo del mercado y las reglas de juego. La geología la conocemos muy bien. Es una zona donde estamos trabajando desde hace años. El proyecto está listo para avanzar técnicamente. Debemos armar nuestro business casepara ver si realmente lo llevamos adelante, porque son inversiones de muy largo plazo.

Después del lanzamiento de un nuevo programa de estímulo a la inversión en gas que tuvo marchas y contramarchas regulatorias y con relación a la idea del Gobierno de recontractualizar el mercado, ¿cómo analiza ese proceso?

Pienso que la dirección es la correcta. El gobierno quiere crear las reglas del mercado con menos influencia del Estado y menos subsidios. Es bueno porque como empresa estamos acostumbrados a competir. Lo que dije en Alemania unos meses atrás, y lo sigo sosteniendo, es que necesitamos reglas claras. Es decir, lo que pasó entre la Resolución 46 y la 419 (del Ministerio de Energía) no es bueno. Nosotros, por mala suerte quizás, tomamos la decisión de avanzar con el desarrollo (de shale gas) de Aguada Pichana Este justo en el medio de esas dos resoluciones. Lo que necesitamos son reglas claras desde el inicio. Sigo pensando, aunque sé que el ministro (Aranguren) tiene otra opinión, que la Resolución 419 no nos ayudó. Quizá ayudó a uno u otro productor, pero no a los que ya estaban en proyectos de producción no convencional. A mí me hubiera gustado una implementación de la Resolución 46 como nosotros la entendimos, como un apoyo a toda la producción de  shale gas nueva proveniente de cualquier proyecto aprobado. Para las inversiones, la incertidumbre es lo peor que puede pasar porque en cada decisión te preguntás si  más adelante te van a cambiar las reglas de hoy. Eso fue algo que no me gustó, pero al mismo tiempo destaco que sí se tomaron otras decisiones que favorecen el desarrollo de la industria en el país.

¿Cuánto tiempo debe pasar para retomar la confianza? ¿Es posible delimitar temporalmente esa cuestión?

No se puede delimitar eso porque es algo más emocional que intelectual. Lo más importante es que el gobierno continúa con una dirección hacia el mercado. Mirando desde afuera y como extranjero, veo el esfuerzo que hace el gobierno para aumentar las tarifas, pagando quizás un alto costo político. Me imagino que no es fácil seguir este camino hacia delante, pero personalmente pienso que es un camino necesario. El gobierno tiene una tarea tremenda en mejorar las cosas que no funcionaron bien durante 12 años.

En Vaca Muerta son socios de varios desarrollos y también están operando sus propias áreas. ¿Cómo avanza el desarrollo de pilotos?  

En Aguada Pichana Este, el proyecto se está realizando exitosamente. Estamos contentos. En Bandurria Norte y Aguada Federal terminamos los proyectos piloto, estamos analizando los resultados y preparándonos para la fase de desarrollo masivo. Para fin de 2018 o principios de 2019 vamos a decidir cómo avanzar con estos proyectos. Bandurria Norte y Aguada Federal son campos de shale oil. Me parecen muy atractivos, especialmente con los precios interesantes del petróleo que hay ahora. Soy muy optimista y pienso que vamos a llevar adelante el desarrollo.

En torno a la explotación de Vaca Muerta existen posiciones disímiles. Algunos sostienen que ya están dadas las condiciones para avanzar y otros advierten que aún resta destrabar cuestiones de competitividad, infraestructura, mercado. ¿Cuál es su posición?

Lo primero y más importante es que la geología es realmente muy buena. Lo que observamos desde el punto de vista de producción de los pozos es muy positivo. Además, vemos que podemos bajar costos de perforación y completación de cada pozo. Lo que sí me preocupa es la logística, los servicios, la infraestructura. Como industria necesitaríamos perforar alrededor de 4.000 pozos por año para lograr un desarrollo masivo. Eso no se logra con una ruta chiquita que va de Neuquén a Añelo; el tren que es muy importante y se necesita; tenemos que traer más empresas de servicios; el abastecimiento de arena también es muy complicado. Creo que la barrera entre tener éxito o no en Vaca Muerta estará dada realmente por la infraestructura y la logística.

¿Cómo avanza el proceso de fusión con Letter 1?

Está firme, aún en proceso de due dilligence; si todo va bien vamos a firmar los contratos definitivos a fines de julio. Luego necesitaremos entre tres y seis meses para obtener las autorizaciones antitrust y la aprobación de las autoridades energéticas en los distintos países donde estamos presentes. Queremos lanzar el negocio con la nueva empresa a inicios de 2019.

¿Evalúan listarse en alguna bolsa?

Absolutamente. La idea es crear, por lo menos en Europa, una empresa petrolera independiente importante, que es lo que falta.

¿Cómo impactará la fusión en los negocios de Wintershall en la Argentina?

Las dos empresas, tanto Wintershall como DEA (subsidiaria de Letter 1), incrementaron casi el 50% su producción en los últimos seis años y queremos seguir por este camino. La Argentina es parte de ese crecimiento. No vamos a atrasar proyectos ni a frenar ningún desarrollo; al contrario, vamos a seguir adelante. En realidad, vamos a tener más presión para desarrollar nuevos proyectos porque cuando uno se lista en la Bolsa lo que tiene que contar es una historia de crecimiento. No se compran acciones en caída. Es bueno para la región, porque América latina va a crecer dado que DEA tiene actividades en México, nosotros en la Argentina, y recién recibimos licencias de exploración en Brasil. Es decir, América latina va a ser una región muy relevante para Wintershall-DEA y la Argentina es el país más importante en la región dentro de ese proceso.

 El traspié de las renovables

Mehren –que ingresó hace más de 20 años en BASF, uno de los mayores jugadores de la industria petroquímica y empresa controlante de Wintershall– despliega una postura muy crítica de la Energiewende alemana, tal como se conoce el programa estatal para apalancar la transición energética de Alemania a fin de reducir la emisión de gases contaminantes.

Alemania es uno de los referentes en Europa en materia de energías renovables, pero en declaraciones recientes usted fue muy crítico con respecto al programa desplegado para luchar contra el cambio climático. ¿Podría precisar su posición?

En Alemania, para ser bien franco con lo que pasó, (el programa) fue un desastre completo. Tenemos una situación donde sí logramos aumentar el porcentaje de las renovables –especialmente en la generación de electricidad–, pero al mismo tiempo crecieron las plantas eléctricas de carbón. En los últimos años gastamos cientos de millones de euros y nuestras emisiones de CO2 no bajaron para nada. Es un desastre. Se trató de una política equivocada porque quisimos hacer de todo: aumentar el porcentaje de las renovables, la cantidad de vehículos eléctricos, incrementar la generación de energía solar en los edificios y todo esto gastando plata y más plata, por lo que perdimos de vista el objetivo principal, que era bajar emisiones. Creo que lo que se necesita es gas. El gas es el camino más fácil y económico con la tecnología que tenemos disponible hoy, para bajar las emisiones de CO2.

Puede ser que en 50 años tengamos distintas tecnologías que nos puedan ayudar, pero hoy el gas es el camino y esto se puede ver en Inglaterra. Ellos invirtieron fuertemente en él, aumentaron la cantidad de producción de electricidad y cada año han logrado bajar sus emisiones. Si miramos a Estados Unidos, ocurre lo mismo, no tanto por una política sino por la incidencia en el mercado del desarrollo del shale. El resultado es igual: aumenta el gas en electricidad, transporte y calefacción.

La Argentina ya tiene un mix energético muy bueno, mejor que la mayoría de los países en Europa porque no tiene carbón. Más del 40% de la generación es con gas natural. Por eso, en lo personal no veo la necesidad de incentivar tanta inversión en renovables. Nadie en el mundo debería cometer el error que cometió Alemania en términos de subsidios.

La Argentina cuenta una participación muy alta del gas en su matriz energética, pero aun así cuesta imaginar al país como un exportador de GNL. ¿Cree que a mediano plazo podría ser un exportador de gas?  

Sí, absolutamente. Si aplicamos las reglas del mercado y logramos solucionar los temas de infraestructura, de logística en la Cuenca Neuquina, pienso que el potencial es gigante. Se puede pensar en exportar a Chile, como sucedió en el pasado. Y además, por ejemplo, se puede poner una planta de licuefacción en Bahía Blanca y exportar primero a mercados como Brasil y después donde sea. Pienso que el consumo de gas en el mundo va a aumentar. Y esto no es sólo mi opinión, porque si uno mira especialmente a Asia, si China e India quieren solucionar su tema climático, deberán aumentar su consumo de gas para reemplazar el carbón.

Una cifra: si China cambiara el 25% de la generación eléctrica de carbón por gas, crearía un mercado tan grande como el europeo. Es decir, estamos hablando de 500 billones de metros cúbicos al año. Estoy absolutamente convencido de que habrá más demanda. 


Empresa de las cuatro décadas

Wintershall desembarcó en la Argentina en 1978. Es el cuarto productor de gas, sólo por detrás de YPF, Total y Pan American Energy (PAE). Construyó un cuidado perfil bajo apuntalado, además, por su condición de socio no operador de los yacimientos en los que participa, como Carina-Aries, Vega Pléyade, Aguada Pichana y San Roque, entre otros. Este 2018 se cumplen 40 años de presencia ininterrumpida de la empresa alemana en el país.

«Llegar a la Argentina hace tantos años fue un paso muy importante y exitoso. El país cuenta con todos los ingredientes que necesitamos como empresa petrolera. Primero, porque hay petróleo y gas. Segundo, porque hay demanda de gas, pero también de petróleo. Por eso la Argentina siempre fue un país interesante para nosotros. Tuvimos la suerte de participar en algunos yacimientos importantes», destaca Mario Mehren, CEO de Wintershall, en diálogo con este medio.

¿Cómo fue la imbricación hace 40 años de una empresa alemana en Argentina, donde existen otras tradiciones políticas, económicas y culturales?

La ventaja que tiene el Grupo BASF es que posee mucha experiencia en trabajar en el extranjero y en Sudamérica. Obviamente empezamos siendo sólo socios y eso facilitó las cosas. Fue bastante sencillo llegar. Nosotros no pensamos en términos de una cultura argentina o alemana, sino que tenemos una cultura Wintershall. En ese sentido, nuestro equipo en Buenos Aires refleja muy bien esa cultura, que se apoya en un diálogo muy abierto, constructivo, de atacar y resolver los problemas cuando aparecen.

 

 

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