
Shell está transitando bajo un extremo hermetismo un proceso interno con el que aspira a reestructurar su negocio en Vaca Muerta, la formación no convencional donde opera desde hace 15 años, aunque todavía con una escala menor en términos productivos y comerciales que otros grandes jugadores del shale argentino.
La petrolera anglo-holandesa, que opera cuatro áreas en Neuquén y participa en otros bloques de la cuenca, está analizando alternativas para integrar sus activos bajo una nueva estructura societaria. El objetivo es avanzar en una Incorporated Joint Venture (IJV), un esquema mediante el cual podría asociarse con otra compañía para crear una nueva sociedad que le permita encarar la próxima etapa de desarrollo de sus yacimientos en Vaca Muerta. Así lo indicaron a EconoJournal varias fuentes privadas sin contacto entre sí.
Encontrar un socio que cumpla con las condiciones que busca la compañía no resulta sencillo. En esa lista de condiciones figuran una escala comparable en Vaca Muerta en términos de acreaje, la posibilidad de capturar eficiencias operativas y financieras a partir de la integración de activos y una cultura corporativa compatible en términos de liderazgo, gestión y toma de decisiones.
Desde el punto de vista financiero, la creación de una nueva sociedad permitiría dotar de mayor agilidad al negocio. La deuda, las inversiones y el flujo de fondos quedarían concentrados en una estructura independiente, con mayor autonomía para financiar y ejecutar los programas de desarrollo que demandan los activos no convencionales.
Consultada por EconoJournal, Shell evitó realizar comentarios sobre el tema. No obstante, fuentes cercanas a la empresa señalaron que no está en discusión una venta de los activos de la compañía en la Argentina. Por el contrario, explicaron que el objetivo es encontrar la mejor alternativa para maximizar el valor de sus yacimientos, mejorando los estándares operativos y el acceso al financiamiento para acelerar el desarrollo de los bloques que posee en Neuquén.
Las mismas fuentes remarcaron que una estructura de este tipo también permitiría sortear algunas de las dificultades que históricamente enfrentan las grandes compañías multinacionales para operar en la Argentina. Durante los últimos 15 años, las restricciones cambiarias, las limitaciones para girar dividendos al exterior y la volatilidad macroeconómica afectaron la capacidad de planificación financiera de empresas globales como Shell.
Los activos que la compañía posee en Vaca Muerta, especialmente Sierras Blancas, Cruz de Lorena, Bajada de Añelo y Coirón Amargo Sur Oeste, se encuentran ubicados en una de las zonas más desarrolladas de la ventana petrolera de la formación. Además de su potencial geológico, tienen la ventaja de estar rodeados por bloques que ya alcanzaron una escala productiva significativa, una característica que incrementa su atractivo para cualquier potencial socio.


Aun así, la búsqueda no será sencilla. Fuentes de la industria señalaron que Shell mantiene conversaciones con algunos de los principales jugadores del mercado local, entre ellos compañías de capitales argentinos con fuerte presencia en Vaca Muerta, así como también con empresas internacionales que están evaluando oportunidades para ingresar o expandirse en la cuenca neuquina.
Sin embargo, aún no está claro si la petrolera logrará encontrar un candidato que reúna las características que busca para avanzar con la reestructuración de su negocio en la Argentina.
El proceso también permite reinterpretar los mensajes que Shell emitió a principios de año. En febrero, luego de que Reuters publicara que la compañía estaba evaluando alternativas para desprenderse de sus activos en la Argentina, el CEO global de Shell, Wael Sawan, y la directora financiera, Sinead Gorman, desmintieron esa versión y calificaron esa información como “fake news”.
Adura, el antecedente que ayuda a entender la estrategia de Shell
El antecedente más cercano para comprender la estrategia que Shell evalúa en la Argentina se encuentra en el Reino Unido. A fines de 2024, la petrolera anunció junto con Equinor la integración de sus activos offshore en el Mar del Norte británico mediante una Incorporated Joint Venture (IJV).
La operación se completó formalmente a fines de 2025 y dio origen a una nueva compañía denominada Adura, controlada en partes iguales por ambas empresas. La nueva sociedad nació con una producción superior a los 140.000 barriles equivalentes de petróleo por día y se convirtió en el principal productor independiente del Mar del Norte.
La lógica detrás de la transacción fue capturar eficiencias operativas, reducir costos, optimizar la asignación de capital y crear una estructura con mayor flexibilidad financiera para administrar activos maduros en una etapa de creciente exigencia competitiva. Fuentes del sector consideran que esa experiencia funciona hoy como la referencia más cercana para entender el tipo de esquema que Shell analiza replicar en la Argentina, con las particularidades propias del negocio no convencional.
Los números de Shell en Vaca Muerta
Shell desembarcó en Vaca Muerta hace más de una década y hoy posee una posición relevante dentro del shale argentino en términos de acreaje, aunque todavía lejos de la escala alcanzada por los principales jugadores de la cuenca, como YPF, Vista, Pluspetrol, Tecpetrol y Pampa Energía, que durante los últimos años avanzaron con esquemas de desarrollo más agresivos y una mayor aceleración de inversiones.
La compañía concentra su actividad principalmente en las áreas Sierra Blanca, Cruz de Lorena, Coirón Amargo Sur Oeste y Bajada de Añelo. En las tres primeras posee un 90% de participación, mientras que Gas y Petróleo del Neuquén (GyP) conserva el 10% restante bajo el esquema de carry provincial.
En Bajada de Añelo, otra de las áreas operadas por Shell, la compañía posee un 50% de participación y comparte la concesión con YPF, que controla el porcentaje restante. En tanto, en Rincón de la Ceniza y La Escalonada cuenta con un 45% de participación, mientras que YPF y Pluspetrol poseen el resto del capital accionario.
La producción neta atribuible a Shell en sus áreas ronda actualmente los 35.000 barriles diarios de petróleo y supera los 1,3 millones de metros cúbicos diarios de gas natural.
El portfolio de la compañía cuenta además con instalaciones de superficie desarrolladas en buena parte de sus activos. En Sierra Blanca y Cruz de Lorena construyó una Central Processing Facility (CPF) con capacidad para procesar unos 42.000 barriles diarios de petróleo. Una infraestructura similar desarrolló en Bajada de Añelo para acompañar el crecimiento de la producción de la zona.
Fuentes de la industria destacan que el principal atractivo de los activos de Shell radica en la calidad del recurso, el potencial probado del subsuelo y su ubicación geográfica dentro del sweet spot de la ventana de shale oil de Vaca Muerta. Varias de sus concesiones, además, cuentan con infraestructura desarrollada, un factor que facilita la generación de sinergias operativas y potencia su atractivo para una eventual integración societaria.

























