
«No sabía que mi vida tenía tanto valor». Con esa frase comenzó el relato de Carla Rodríguez, oficial mecánica especializada en minería subterránea de Yacimientos Carboníferos Río Turbio (YCRT), durante el encuentro Voces en Red, organizado por Women in Mining (WIM) Argentina como parte de la celebración del Día Internacional de la Mujer en la Minería y del sexto aniversario de la organización.
Su historia es la de una transformación personal, pero también la de una industria que lentamente comienza a revisar prácticas y normas que durante décadas limitaron el acceso de las mujeres a las tareas operativas dentro de las minas.
«Soy una mujer trans de Santa Cruz. Crecí en un asentamiento minero y fui sobreviviente de una sociedad perversa e injusta», afirmó. Hoy, después de 15 años trabajando en el interior de la mina, asegura que la actividad «le dio dignidad» y la posibilidad de construir una vida que antes parecía imposible. «La minería para mí es todo. La minería me salvó, me cambió la vida”, aseveró.
Una historia personal atravesada por la minería

Rodríguez nació junto al yacimiento carbonífero de Río Turbio. Para su comunidad la mina representa mucho más que una fuente de empleo. «Nací al costado de la mina. Para mí fue todo. Era lo único que teníamos y que debíamos defender», recordó al describir el peso histórico que tuvo YCRT en el desarrollo económico de la cuenca carbonífera y de la provincia de Santa Cruz.
Sin embargo, ser parte del interior de la mina no era una posibilidad para las mujeres y menos para las mujeres trans. Durante décadas existieron prohibiciones legales, convenios colectivos y hasta creencias culturales que sostenían que la presencia femenina bajo tierra traía «malos augurios» o podía provocar derrumbes. «Las mujeres históricamente no podían entrar a la mina, salvo el 4 de diciembre, el Día de Santa Bárbara, cuando se elegía a la Reina Nacional del Carbón«, recordó.
Rodríguez ingresó al yacimiento en 2011, antes de la sanción de la Ley de Identidad de Género. «El sistema estaba preparado para excluirme. Tuve que hackear el sistema porque la minería está creada por hombres para hombres», relató.
Para acceder al puesto se presentó vestida como hombre. «La gente sabía que yo era Carla aunque mi identidad no lo demostraba», detalló. Una vez dentro, comenzó un largo proceso de adaptación marcado por situaciones de discriminación y violencia psicológica.
«Viví todo lo que el patriarcado puede hacer sobre una persona indefensa. Trabajaba el doble que un hombre para demostrar que podía”, contó en el encuentro. Con el tiempo, encontró aliados entre sus propios compañeros. «Hoy estoy donde estoy porque hubo acompañamiento de las masculinidades. Llevó tiempo, pero lo pude lograr”, sostuvo.
Identidad de Género y cambio cultural

Uno de los puntos de inflexión de su vida llegó en 2012 con la aprobación de la Ley de Identidad de Género. «No podíamos vivir en democracia sin identidad. Gracias a esa ley volví a nacer y a sentirme una persona que podía vivir como quería”, marcó.
Sin embargo, explicó que el cambio normativo no eliminó automáticamente las barreras dentro del ámbito laboral.» En mi trabajo fue difícil. No había información. Había violencia sistemática y psicológica”, señaló. Paradójicamente, relató que muchas veces encontró mayor resistencia en espacios tradicionalmente feminizados que entre sus compañeros varones de la mina.
Carla Rodríguez reconoce que su historia impulsó un cambio cultural hacia el interior del yacimiento. «Me tocó sentarme adelante de 15 masculinidades para explicar lo que era un femicidio, un crimen de odio”, contó. Y es que, durante años impulsó conversaciones sobre diversidad, inclusión y violencia de género en un ámbito históricamente masculinizado. «La desigualdad estructural nos va a seguir por siempre si no acompañamos la transformación colectiva”, sostuvo.
Ese trabajo coincidió con otro cambio histórico en la minería: en 2023 quedó definitivamente eliminada la prohibición legal que impedía a las mujeres desempeñar tareas subterráneas, una restricción que permanecía vigente desde la Ley 11.317 de 1924.
La modificación abrió un nuevo escenario para la actividad. «En 2023 recibí en la boca de mina a cuatro compañeras. Hoy ya somos once mujeres trabajando en la actividad minera real, no en tareas administrativas”, detalló.
La minería como oportunidad
Lejos de plantear únicamente una agenda de inclusión, Rodríguez insistió en que incorporar diversidad también fortalece a la industria. «Las capacidades las tenemos todos. Somos iguales ante el trabajo”, consideró. En ese sentido, pidió ampliar las oportunidades laborales para personas trans dentro del sector.
«Necesitamos más personas trans en la minería. Es algo de lo que no se habla. Hay que dar posibilidades a un sector históricamente vulnerado”, aseveró. Y agregó un mensaje dirigido especialmente a las empresas. «Podemos decirle al sector privado que las personas trans somos productivas, trabajadoras, reales; podemos mejorar la producción y cambiar el mundo”, remarcó.
Lo cierto es que el cambio cultural que impulsó Carla abriéndose camino en el ámbito minero, trascendió más allá de sus propias fronteras e inspiró Miss Carbón, la película argentino-española dirigida por Agustina Macri y escrita por Erika Halvorsen y estrenada en 2025. «Nadie me había dado el valor que me dio la escritora de la película«, confesó.
Para ella, el largometraje no solo reconstruye su historia personal, sino que también interpela a una sociedad que durante décadas naturalizó distintas formas de exclusión. «Miss Carbón muestra cómo una sociedad injusta hace de las suyas. Da esperanza para que las diversidades elijan creer y sepan que pueden vivir una vida digna”
A pesar de la repercusión que tuvo la película, Rodríguez asegura que su vida cotidiana cambió poco. «Sigo trabajando y teniendo mi vida igual. Me gusta trabajar mucho”, concluyó.


