
«A lo mejor en una economía normal el RIGI sería exagerado, pero por nuestro pasado es necesario. Es el efecto del converso”, aseguró Dante Sica, socio fundador de la consultora ABECEB y exministro de Producción y Trabajo, en el ciclo de entrevistas organizado por EconoJournal. De ese modo, defendió el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) y el Súper RIGI, que esta semana obtuvo media sanción en Diputados, como instrumentos necesarios para destrabar inversiones de largo plazo en un país con un historial de incumplimientos contractuales.
Sica sostuvo también que el escenario geopolítico ubica a Argentina y América Latina en un lugar inédito para capitalizar sus recursos energéticos y mineros y remarcó que el dólar se va a seguir apreciando de la mano del aumento de las exportaciones. «Lo que antes llamábamos restricción externa y crisis de de estrangulamiento del sector externo van a desaparecer del vocabulario y eso te da estabilidad», planteó en diálogo con Nicolás Gandini, director de EconoJournal.
RIGI: el efecto del converso
Consultado sobre el trade-off entre la resignación de recursos fiscales y la aceleración de inversiones que promete el RIGI, Sica no duda en que las externalidades positivas superan a las negativas. “El RIGI es una política industrial. Uno puede discutir si le gustan o no los sectores contemplados, pero es un instrumento de política industrial muy en tono con el objetivo de muchos países del mundo”.
De acuerdo al ex ministro de Producción, el esquema es necesario por la trayectoria reciente del país. «Tenemos un prontuario», sentenció al recordar que durante el gobierno de Néstor Kirchner se violó una ley de estabilidad fiscal minera que derivó en litigios que se extendieron durante doce años, que la justicia falló a favor de las empresas y el Estado terminó pagando con bonos. ”Lo importante es la señal. El RIGI es una muestra de cómo va a ser la economía cuando se termine de consolidar el nuevo régimen económico”, agregó.
Sobre las críticas al componente local del régimen, fijado en un 20%, Sica relativizó su relevancia: «Estamos analizando la economía con una mirada vieja, la del siglo XX. Hay que dejar de hablar de sectores productivos y empezar a hablar de ecosistemas híbridos. Atrás de una tonelada de soja hay genética, hay empresas de tecnología, hay satélites, hay paquetes agroquímicos, hay maquinaria agrícola. El agro pesa menos del 10% en las cuentas nacionales, pero su impacto real es el 30% del PIB. Lo mismo va a pasar con estos sectores. La propia dinámica te va a llevar por delante esa idea de que tiene que haber un 20% de componente local».
Dentro de esa misma lógica, Sica ubicó al Super RIGI, siempre que sea pensado para las industrias que hoy no existen en el país, como la fundición y el procesamiento de minerales críticos, a proyectos vinculados a desarrollar la cadena de valor del litio, al hidrógeno verde y la demanda de los hiper escaladores de inteligencia artificial. Sobre el caso puntual del Gas Natural Licuado, diferenció el proyecto basado en terminales flotantes licuefactoras de una eventual planta en tierra, un proyecto de mucho mayor inversión. De hecho, consideró que el Súper RIGI podría ser un acelerador de esa planta destinada a exportar GNL.
Modelo económico irreversible
Para Sica, la probabilidad de que se cumpla la narrativa sobre el potencial minero y energético de la Argentina es alta, y la explicación no está solo en la dinámica local, sino en la mirada global. «Hay cuatro tendencias que están cambiando la arquitectura del comercio internacional y la direccionalidad del flujo de inversiones: la geopolítica, la demografía, los problemas de cambio climático y la inteligencia artificial», señaló. Luego agregó que eso generó “una ventana de oportunidad no vista para la región en las últimas décadas», en la que América Latina deja de ser una zona irrelevante para pasar a ser parte de la solución de un problema que hoy preocupa a las grandes potencias, como asegurarse el control de las cadenas de valor de los recursos que van a definir la disputa global.
Frente a quienes ponen en duda esa narrativa por la fragilidad macroeconómica del país, Sica fue contundente: «La consistencia macro es de segundo orden». El ex ministro de Producción y Trabajo durante la gestión de Mauricio Macri enmarcó este proceso como un cambio de régimen económico que, a su juicio, es irreversible. Sostuvo que el país transita una transformación que rompe con el péndulo histórico entre integrarse al mundo o cerrarse, y entre crecer en base a inversión y exportación o hacerlo en base a consumo subsidiado. «Milei fue el que mejor interpretó esa demanda estructural», afirmó.
Al ser consultado sobre la influencia del tipo de cambio en las decisiones empresariales, Sica fue tajante: «Poco. Las empresas ya no miran tipo de cambio, miran precio«. La razón de ese cambio, explicó, está en la madurez de los proyectos exportadores en curso. Según sus cálculos, la suba de las exportaciones está explicada por volumen y no por precio, con una consecuencia estructural: «Lo que antes llamábamos restricción externa y crisis de estrangulamiento del sector externo van a desaparecer del vocabulario y eso te da estabilidad».
A partir de ese diagnóstico, anticipó que la competencia entre empresas y provincias se va a definir por la densidad tecnológica que cada una logre incorporar.
Empleo y migración
Durante las últimas décadas el modelo económico empujó la migración hacia el Gran Buenos Aires en busca de empleo y servicios, lo que terminó convirtiendo al conurbano en lo que Dante Sica describió como «un monstruo totalmente fuera de control». Los cambios migratorios que ya se verifican hacia zonas con potencial productivo abren la puerta a un reacomodamiento que, de acuerdo al economista, generará fricciones de corto plazo.
«Le sumaría a ese proceso una gran alerta, que es nuestra curva demográfica. Nosotros vamos a tener un bono demográfico positivo hasta el 2035. Tenemos hasta esa fecha la capacidad de generar riqueza para que el proceso de envejecimiento de la población se dé con un PIB per cápita más alto, que nos permita sostenerlo», agregó. A partir de ese año, remarcó, la tasa demográfica pasa a ser negativa, por lo que consideró que la ventana actual es clave para acumular esa riqueza antes de que el proceso se acelere.


























