
Durante décadas, los sectores de agua y energía fueron analizados, regulados y gestionados como mundos separados. Sin embargo, esa frontera hoy se diluye aceleradamente. En el contexto de la transición energética, la presión climática, el aumento de los costos operativos y las crecientes exigencias de sostenibilidad, las empresas de agua están dejando de ser meras consumidoras intensivas de energía para convertirse en productoras, gestoras y, en algunos casos, competidoras directas de las empresas energéticas.
El agua no solo es un recurso crítico para la producción de energía, sino que es una plataforma energética. Y las operadoras de agua —altamente dependientes de la energía para bombear, potabilizar, tratar y distribuir— lo han entendido antes que muchos otros sectores.
Este peso energético explica por qué, desde hace años, las utilities hídricas lideran inversiones en eficiencia energética, digitalización e investigación aplicada, con un objetivo claro: reducir costos, emisiones y dependencia externa. En Argentina se destaca el caso de AySA, que está entre las primeras 5 empresas con mayor consumo energético a nivel nacional y entre las primeras 2 en la Ciudad de Buenos Aires.
El paso siguiente ya está en marcha: producir su propia energía, alcanzar el autoabastecimiento y vender excedentes al sistema, generando nuevas fuentes de ingresos.

Las experiencias de Medellín y Europa
Un caso paradigmático es el de Empresas Públicas de Medellín (EPM). Nacida como una empresa de servicios públicos integrados, EPM es hoy uno de los conglomerados más relevantes de América Latina en agua, saneamiento, energía y telecomunicaciones. Si bien su negocio energético tiene un fuerte anclaje en la hidroelectricidad, en los últimos años ha avanzado decididamente en la valorización energética del agua y los residuos asociados al ciclo urbano.
En la planta de tratamiento de aguas residuales Aguas Claras, EPM produce biogás a partir de lodos, utilizado para generación eléctrica y térmica, con proyectos en marcha para escalar hacia hidrógeno verde y otros vectores energéticos. En términos de ingresos consolidados, el negocio energético de EPM ya iguala al del agua potable y saneamiento, ilustrando con claridad cómo una empresa de agua puede transformarse en un actor energético de peso.
En Europa, este modelo se replica con matices. Utilities como Veolia, SUEZ o Aguas de Barcelona (Agbar) operan miles de plantas de tratamiento que funcionan como verdaderas biofactorías, generando electricidad, calor y biometano. En países como Alemania, Dinamarca y Países Bajos, no es excepcional encontrar empresas de agua que producen más energía de la que consumen, inyectando excedentes a la red o firmando contratos de venta de largo plazo.
Las tecnologías que utilizan las empresas de agua
El avance de las empresas de agua sobre el terreno energético se apoya en diversas tecnologías y enfoques:
Biogás y biometano
Las plantas de tratamiento de aguas residuales son hoy uno de los principales focos de innovación. La digestión anaeróbica de lodos permite producir biogás que se transforma en electricidad, calor o biometano para inyección en redes de gas o uso vehicular.
Hidropower más allá de las grandes represas
Cobra fuerza la hidroelectricidad integrada a infraestructuras existentes: acueductos, plantas potabilizadoras y redes de distribución. Microturbinas instaladas en puntos de presión convierten energía antes desperdiciada en electricidad limpia y predecible.
Hidrógeno verde
El hidrógeno vuelve a colocar al agua en el centro del sistema energético. Las empresas de agua aportan calidad, seguridad de suministro y experiencia operativa en proyectos de electrólisis, especialmente en regiones con estrés hídrico donde el agua es un factor limitante.
Energía del mar
En zonas costeras, algunas operadoras comienzan a involucrarse en proyectos de energía mareomotriz, undimotriz y de gradiente salino, donde el agua es simultáneamente recurso, medio y vector energético.
Agua y energía nuclear
Incluso en el sector nuclear, el agua es crítica para refrigeración, seguridad y eficiencia térmica, y en varios países las empresas de agua participan activamente en su gestión y tratamiento.
Este acercamiento entre agua y energía no es nuevo si se observa la historia. Muchas empresas y cooperativas nacieron para brindar simultáneamente agua, electricidad y otros servicios públicos, especialmente a nivel municipal. En varios casos, también incorporaron comunicaciones y datos, anticipando el concepto actual de infraestructura crítica integrada.
La convergencia agua-energía también se juega en la frontera científica y tecnológica. Algunas líneas de investigación clave incluyen:
- Energía azul, basada en el aprovechamiento del gradiente salino entre agua dulce y salada.
- Micro-hidropower de ultra baja caída, diseñada para redes urbanas sin alterar el servicio.
- Plantas de agua como nodos energéticos inteligentes, capaces de operar de forma flexible según precios eléctricos y demanda.
- Integración agua-energía-datos, usando inteligencia artificial para optimizar simultáneamente caudales, consumo y generación.
- Nuevos sistemas de almacenamiento energético basados en agua, como centrales hidroeléctricas reversibles de nueva generación.
Hablar hoy de agua sin hablar de energía —y viceversa— es conceptualmente incompleto. Las empresas de agua ya no son actores pasivos del sistema energético: son innovadoras, productoras y, cada vez más, competidoras. Comprender esta transformación es clave para reguladores, inversores y gobiernos. El futuro no será de agua o energía. Será, necesariamente, de agua y energía, integradas, inteligentes y estratégicamente gestionadas.
* CEO de la Cámara Argentina del Agua. Médico Sanitarista MN 117.793.






