
“Lo que dejan en evidencia estos dos últimos apagones es que el volumen de corte está absolutamente desproporcionado con el nivel de las fallas registradas«: en esos términos describió un alto directivo del sector eléctrico el estado de la red de transporte y distribución de energía en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).
La fragilidad del sistema quedó expuesta en los dos últimos apagones de Edesur y Edenor registrados de los últimos 15 días. «Se ven afectados muchos más usuarios de los que deberían si la infraestructura fuese la indicada. Es como bajar por una escalera sin baranda, te caes desde cualquier escalón y te vas directo al piso”, ejemplificó.
En ambos casos, las fallas se registraron en estaciones transformadoras de cabecera de media y baja tensión de las dos distribuidoras.
Cortes de luz de Edenor y Edesur y la falta de inversión
“La falla de este jueves en Edenor fue compleja, pero no te puede llevar puesto 3.300 MW de demanda”, remarcó otro directivo del sector. De fondo, lo que queda en evidencia es la falta de inversión en infraestructura de transporte y distribución como resultado de los congelamientos y atrasos tarifarios en lo que incurrieron de manera casi permanente los gobiernos kirchneristas en los últimos 25 años.
Sólo en escasos períodos durante el primer cuarto de siglo las tarifas alcanzaron a cubrir los costos de operación y expansión del sistema. La norma fue el atraso del valor de la energía que pagan los usuarios, lo que derivó en la imposibilidad de poder cubrir los planes de inversión presentados por los privados.
Por eso, en la actualidad quedan en evidencia las consecuencias de operar sistemas de transmisión y distribución que durante el pico de consumo lo hacen al máximo de su capacidad; a diferencia de lo que sucede en países desarrollados, que incluso en momentos de mucho consumo cuentan con líneas de media y baja tensión de respaldo para diversificar el despacho y no depender de una sola ruta como sucede en la Argentina.
Si se complica una línea, los sistemas N-1 o N-2 de mercados más robustos cuentan con alternativas para encapsular y neutralizar problemas de carga que se registran en la red. Nada de eso sucede en la Argentina, que opera al límite, sin back up en los días de alto consumo de energía.
Sistema de consumo de respaldo insuficiente
En el país no se construyen líneas de alta tensión desde hace años. En el AMBA, donde se consume casi el 50% de la energía de la Argentina, la operación es crítica, sobre todo en días de pico de demanda por altas temperaturas.
En los hechos, la falta de compensación ante un inconveniente o perturbación en el sistema provoca que no se pueda abastecer a la demanda afectada a través de otras líneas y subestaciones alternativas.
La red eléctrica argentina no funciona como N-1 (N menos uno), lo que en la jerga se conoce a un sistema que opera de manera óptima y confiable porque cuenta con un sistema igual al máximo de consumo de respaldo. Un sistema N-1 implica que una infraestructura energética cuenta con una capacidad que soporta una falla de un elemento clave y puede ser compensada por el mismo sistema.
Existen en el mundo sistemas que operan en N-2 o N-3, como las empresas Hydro-Québec en Canadá y Électricité de France (EDF) de Francia, que son ejemplos mundiales en confiabilidad en la operación que están diseñados para poder absorber más de una falla significativa sin interrumpir masivamente a los usuarios.
Al no poder compensar una falla, el sistema eléctrico argentino termina generando un corte significativo en la demanda. Una fuente del sector consultada por EconoJournal señaló que “la Argentina no funciona como N-1. Sólo es N-1 en condición de baja demanda. En días de mucho calor como el de este jueves el sistema opera al límite”.
La Estación Transformadora Morón de Edenor cubre una demanda de 1.150 MW en líneas de 220 kV, pero la falla de este jueves terminó provocando un colapso en el sistema. Según fuentes oficiales se perdieron un total de 3.100 MW del Sistema Argentino de Interconexión (SADI) con impacto también sobre el segmento de generación de Buenos Aires.

AMBA I: la obra que buscaría revertir la situación
Es una obra crítica para todo el segmento de transmisión eléctrica que refuerza el anillo del AMBA. Contempla la construcción de 500 kilómetros de línea de alta tensión y otras obras adyacentes de líneas de 220 kV en las áreas de las distribuidoras Edenor y Edesur. El diseño original fue presentado en 2020 durante el gobierno de Alberto Fernández, que no avanzó más allá del anuncio. También está prevista la obra de AMBA II, que refuerza el sistema del conurbano cerca de General Rodríguez.
El gobierno de Javier Milei está trabajando en un esquema de ampliación general del sistema de transporte eléctrico y en particular tiene prioridad la obra AMBA I. Sin embargo, todavía no definió el instrumento para poder concretar la obra.
A fines de 2024 el Poder Ejecutivo intentó avanzar mediante la creación de un cargo fijo en las facturas de electricidad para toda la demanda del país, pero esa opción no prosperó. En el tercer año del gobierno de Milei, la Secretaría de Energía podría avanzar en un esquema de concesión privada.




