
No es exagerado decir que Ali Moshiri es el principal factótum que explica la continuidad ininterrumpida de Chevron durante las últimas dos décadas en Venezuela pese a la agudización del régimen chavista. Nacido en Irán, con ciudadanía estadounidense y hoy devenido en empresario petrolero, Moshiri condujo durante años la estratégica presidencia de Exploración y Producción para África y América de la major norteamericana.
Petrolero de la vieja escuela, no dudó en embarcar a Chevron en proyectos en entornos políticos y económicos complejos. Fue, de hecho, quien convenció al board de la compañía texana en invertir en Vaca Muerta en 2013, con cepo cambiario y apenas un año después de que la administración de Cristina Kirchner reestatizara YPF. «Para un verdadero petrolero, el único riesgo está en el subsuelo. No arriba de la superficie«, afirma en diálogo con Silvia Naishtat, editora de Clarín, y con EconoJournal en una entrevista telefónica realizada durante la tarde del miércoles.
Moshiri respaldó la asunción de Delcy Rodríguez, número dos de Nicolás Maduro, como presidenta interina de Venezuela y apoyó la estrategia del presidente de EE.UU., Donald Trump. «Desde el último sábado hay una nueva Venezuela. El desafío es quién va a encabezar el nuevo gobierno. En mi opinión, nos guste o no, debería ser alguien del sistema político actual (NdR: es decir del chavismo) para poder garantizar un balance (de fuerzas) y evitar un vacío de poder».
El ex ejecutivo de Chevron, que tiene previsto viajar en los próximo días a Caracas, está en pleno proceso de lanzamiento de un fondo de inversión para invertir alrededor de US$ 2000 millones en Venezuela para aumentar la producción de crudo. En esa clave, confirmó que mantiene conversaciones con funcionarios de la administración estadounidense. A punto tal que adelantó que la mitad de su inversión prevista —unos US$ 1000 millones— podrían ser financiados con fondos del gobierno de EE.UU.
El regreso de Moshiri a la Argentina
Al mismo tiempo, Moshiri adelantó que asoció con Doris Capuro, titular de Luft Energía, para reactivar campos maduros que la petrolera bajo control estatal operaba en Santa Cruz. La apuesta, en ese sentido, es reactivar tres áreas en la cuenca del Golfo San Jorge: maduras, suboptimizadas y relegadas en la carrera por el shale de Vaca Muerta.
Hace más de una década, Moshiri lideró el histórico ingreso de Chevron a Vaca Muerta, impulsando la primera gran inversión en Loma Campana, en asociación con YPF. Ahora, Moshiri y Capurro, en ese entonces vicepresidenta de la petrolera bajo control estatal, se asocian para destrabar valor en los campos maduros de petróleo de la Argentina. Su estrategia es clara: mejorar la eficiencia de campos maduros, los factores de recuperación e incrementar la producción.
–Usted fue uno de los protagonistas del desembarco de Chevron en Vaca Muerta. ¿Qué lo sigue atrayendo hoy de la Argentina como destino de inversión?
Ali Moshiri: Todo comenzó cuando ingresamos a Vaca Muerta con Miguel (Galuccio) y Doris (Capurro) en 2013. Eso cambió a la industria petrolera en la Argentina realmente. Y no fue sólo mérito mío: fue colaboración, fue confianza, fue trabajar todos juntos. Yo tuve que ir al directorio de Chevron a pedirles 1.200 millones de dólares para invertir en la Argentina. Pensaban que yo estaba “loco”, pero me alegra que lo hayamos hecho.
Nunca nos detuvimos. Cuando me retiré de Chevron, siempre pensé que quería seguir teniendo presencia en la Argentina. El abril pasado nos encontramos con Doris después de años de relación. Ella tiene un fondo de inversión y nos propuso invertir en tres campos convencionales de YPF en Santa Cruz. Hoy somos socios en esos tres campos. Así que, aunque dejé Chevron con Vaca Muerta, estoy volviendo con el convencional. Y creo que, con suerte, también podemos hacer crecer ese negocio.
Su país es absolutamente increíble por dos razones. La primera es la gente: personas bien educadas, talentosas. La segunda es el país en sí: ya que tiene una enorme cantidad de recursos naturales. Y ahora ustedes tienen un presidente con una visión económica que quiere empujar al país más hacia el capitalismo. Ojalá funcione. Espero que sí. Creo que el presidente Macri lo intentó, pero no tuvo éxito. Tal vez esta vez sí lo sea.

–¿Cómo describe la situación actual en Venezuela? ¿Cuáles cree que son los principales desafíos?
AM: Desde el sábado por la mañana hay una nueva Venezuela. El primer paso es definir quién va a gobernar el país durante el período de transición. Eso es lo más importante, y que sea alguien del sistema actual —te guste o no—, esa persona tiene que equilibrar todo y tener capacidad de diálogo.
Eso fue lo que dije en CNBC: si traés a alguien completamente nuevo se genera un vacío de poder, y ese vacío genera inseguridad, y nadie va a invertir.
–¿Usted se encuentra ahora en Venezuela?
AM: Voy a Caracas muy seguido. Planeo ir la semana que viene o la siguiente. Voy porque la familia de mi esposa está allí y también porque tengo inversiones. Durante las sanciones invertimos en el sector privado, hicimos algunos acuerdos en el sector petrolero, siempre con privados, porque con el Estado no se podía por las sanciones. Tengo dos razones para ir: negocios y familia. Para mí siempre fue algo normal. Como ciudadano estadounidense, tuve que sacar visa porque mi residencia estaba vencida, pero la obtuve. Estuve dos semanas y pienso volver. Creo que todo va a estar bien.
–¿Cree que Delcy Rodríguez es esa “persona del sistema” que mencionó?
AM: Anunciaron a Delcy Rodríguez como presidenta interina. Quien sea esa persona necesita tener el 100% del respaldo de Estados Unidos, y Estados Unidos tiene que tener influencia en el país. Si no, no funciona. Tiene que haber acuerdos y reconocimiento. Y no creo que la administración de Trump reconozca lo que te mencioné: que se necesita alguien del sistema actual.
–¿Por cuánto tiempo?
AM: Solo para la transición. Desde mi punto de vista, la última elección en Venezuela no fue una elección de popularidad. Fue una elección entre unos veinte grupos frente al sistema de Maduro. Era básicamente “me gusta o no me gusta el sistema Maduro”.
Si hubiera un sistema verdaderamente democrático, habría muchos candidatos, como en la Argentina: políticos como Capriles, López, Rosales, y muchos jóvenes nuevos que podrían competir realmente. Eso sí sería un proceso democrático.
Para llegar a eso, primero hay que estabilizar el país. Y como ustedes saben en América Latina la prioridad número uno es la economía. Nosotros, los latinoamericanos, no somos ideológicos ni particularmente religiosos: dependemos de la economía. En Medio Oriente es la religión; para nosotros es la economía. Y eso es lo que dice el presidente Trump: pongamos a alguien, hagamos arrancar la economía y después vayamos a una elección real. Yo apoyo al 100% esa estrategia.
–¿Por qué Chevron se quedó tanto tiempo en Venezuela?
AM: Trabajé 40 años en Chevron y nunca nos metimos en política. En 2006 mantuve a Chevron en Venezuela con una lógica muy clara: mientras el valor de nuestros activos no empeorara —o incluso mejorara—, nos quedábamos. Hicimos lo mismo en Angola.
La ideología es algo que decide la gente. Mientras podamos operar dentro de la ley, Chevron se queda. Esa fue siempre mi filosofía. Y fue la misma con la que entramos en Vaca Muerta. Muchos estuvieron en desacuerdo con nosotros, incluso una gran empresa europea se enojó mucho cuando decidimos invertir en la Argentina. Pero era un negocio. Nunca apoyamos a un partido político: analizamos la economía y decidimos invertir. Hoy se ve que fue una buena decisión: Chevron es una de las compañías mejor posicionadas para seguir operando en Venezuela.
–¿La industria petrolera venezolana está preparada para aumentar rápidamente su producción de crudo?
AM: Venezuela puede volver a producir 1,5 millones de barriles por día en unos 18 meses —o menos— con una inversión de entre 5.000 y 7.000 millones de dólares. Pero pasar de ahí es mucho más difícil. ¿Por qué? Porque hay que reparar y expandir infraestructura. Venezuela tiene 38 millones de barriles de capacidad de almacenamiento y solo el 40% es usable. El problema se traslada del subsuelo a la superficie.
Llegar a 2,5 millones requiere obras importantes; a 3 o 4 millones, entre 80.000 y 100.000 millones de dólares. En el subsuelo se puede, pero en superficie hace falta muchísimo dinero.
Uno y medio es fácil. Es parecido a Vaca Muerta: al principio la infraestructura alcanzaba; ahora hablan de nuevos gasoductos y almacenamiento. Es un proceso normal.
–¿Está pensando en invertir para llegar a ese plateau de 1,5 millones?
AM: Sí. Quiero ser de los primeros en invertir en Venezuela. Estoy trabajando en un vehículo de inversión para levantar 2.000 millones de dólares. Es mucho dinero, sí, pero estamos avanzando.
–¿Ha conversado sobre este punto con funcionarios del gobierno de EE.UU.?
AM: Estamos en contacto con todos. Hasta hace dos meses nadie quería saber nada de Venezuela. Después del sábado todos están tratando de entender qué pasa. Hace poco no podía levantar ni un dólar por las sanciones. Hoy todos quieren entrar.
Nuestro objetivo es que, de esos 2.000 millones, 1.000 vengan del sector público (gobierno de EE.UU.) y 1.000 del sector privado. Ya tenemos todo preparado: venimos trabajando en este proyecto desde hace años, con un PPM (Project Portfolio Management – Gestión de Portafolio de Proyectos) detallando todas las oportunidades.
–¿Qué puede pasar con el precio internacional del petróleo?
AM: El precio está débil, alrededor de 60 dólares. Y esa es la razón por la que creo que las grandes petroleras (major) no van a venir corriendo a invertir dinero en Venezuela, especialmente las que estuvieron y se fueron. Hoy la industria habla de eficiencia de capital y costos de operación. Creo que se viene un tiempo de precios bajos y no de precios altos. Si Rusia y Ucrania llegan a un acuerdo, habrá más petróleo en el mercado. Si cambia la situación con Irán, pueden subir la producción rápidamente. Todo eso presiona los precios a la baja.
Por eso, creo que la inversión petrolera que vendrá en Venezuela estará ligada a compañías independientes del mercado privado. Existirán un montón de conversaciones, va a haber un montón de oportunidades, pero al final del día la inversión provendrá de compañías independientes, no de las grandes majors.

–¿Cuán preocupado está por la sobreoferta de crudo a nivel global?
AM: No hay duda de que existe una sobreoferta. La OPEP produce unos 28–29 millones de barriles diarios y puede llegar fácilmente a 33. Con lo cual la pregunta es: ¿tiene sentido traer nueva producción al mercado justo en este momento? Sobre ese punto, una de las cosas buenas del petróleo venezolano es que es de tipo pesado, muy necesario para las refinerías (de EE.UU.). El petróleo del Permian es liviano y sobra a nivel mundial.
Nuestros proyectos en Venezuela asumen un precio de 60 dólares. No invertimos en activos que no sean económicamente viables. Creo que veremos precios bajos por un tiempo.
–¿Con 60 dólares se cubren los costos operativos en Venezuela?
AM: Sí, pero tienes que ser selectivo para elegir los activos (campos). En algunos yacimientos de Venezuela no se justifica la inversión con 60 dólares por barril. Pero para llegar a 1,5 millones de producción se puede desarrollar yacimientos cuyo break even se ubica en los 45 dólares. Para llegar a 2,5 millones de barriles de producción se necesitan, en cambio, proyectos con break even de 65 o 70. Por eso es clave seleccionar bien los activos.

–¿Y cuál el break even de Vaca Muerta?
AM: Depende del operador. Por ejemplo, Vista puede operar con break-even bajo, alrededor de 45 dólares. En Vaca Muerta, la eficiencia del capital ayuda mucho. Cuando la infraestructura esté lista, Vaca Muerta puede operar cómodamente a 45 dólares.
–¿Cómo podría impactar la reactivación de Venezuela sobre Vaca Muerta? ¿Y en Medio Oriente?
AM: Una eventual reactivación de Venezuela no afecta en nada a Vaca Muerta. Venezuela, que hoy produce 960.000 barriles diarios de crudo, puede sumar 500.000 barriles más, que irán mayormente a EE.UU. Eso no impacta en Vaca Muerta.
Para pasar de 1,5 a 2,5 o 3 millones hace falta invertir muchísimo dinero, unos 60.000 millones de dólares de inversión, y precios altos del crudo. Hay que reconstruir tanques, ductos, todo. Eso lleva tiempo y capital. Por eso, mis conversaciones con el gobierno de EE.UU. son para alcanzar una producción de 1,5 millones de bbl/d. Aumentar de ahí en más la producción es una historia diferente.
–¿Cómo ve hoy a Chevron en la Argentina?
AM: Creo que quedarse en la Argentina fue una decisión excelente para Chevron. La sociedad con YPF fue muy buena y permitió revalorizar activos como El Trapial, que tiene un enorme potencial no convencional. El contexto político actual va a atraer más empresas. Incluso se habla de proyectos de LNG, algo impensado antes. Con recursos, el dinero llega.
























