La renuncia de Lamboglia evidenció un conflicto interno que escaló hasta un nivel inédito en poco tiempo, pero también expuso las fallas en el proceso de selección de los directores y las limitaciones de un diseño institucional que ahora condiciona la búsqueda de una salida. Los directores se pelearon por la renovación de los contratos, las diferencias salariales, el lugar en el que iba a instalarse la sede del nuevo organismo y hasta por los horarios de las reuniones.