La ciudad petrolera del centro de Neuquén, junto a su vecina Plaza Huincul, protagonizó a fines de los 90 uno de los estallidos sociales más resonantes de la Argentina. Fueron siete días de cortes de ruta en reclamo de trabajo, luego de que el traspaso de la compañía a manos de Repsol dejara casi 5.000 despedidos. Huellas de un «grito colectivo» que moldeó una época.